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Es
difícil hablar de una persona con la cual se han tenido experiencias
tan especiales, Alba, es una madre, de tres
hijos varones que le ha tocado salir adelante sola, algo tristemente
corriente en Latinoamérica, donde el hombre se casa y evade
su responsabilidad. Quizás explico esta situación
para que puedan entender mejor, lo importante que es Alba para la
Misión. Desde que nos conocimos,
su vida cambió, sucedían hechos, cosas, rarezas que
no entendíamos, pero nunca llegaron
ni siquiera a rozar esta amistad, trabajábamos juntas, ella
se ocupaba de sus hijos y yo de los míos, en fin, la vida
cotidiana de dos personas normales.
Cuando
ocurre la primera manifestación de las lágrimas de
la Virgen, Alba se encuentra con una realidad que no entiende,
y yo estaba como una balsa en la mar en plena tormenta. Empezamos
a preguntar: ¿Qué
es esto?, ¿Por qué esto?, no lográbamos comprender
por qué a nosotras? Pero como todo lo
que hace la Santísima Madre, fuimos recibiendo paz, tranquilidad,
nos fueron envolviendo los hechos diarios donde el cada día
trae nuevas vivencias. Indudablemente que para ella, fue un cambio
total, después comprendimos, que esta amistad venía
destinada de mucho antes, situaciones por ejemplo, que sin llegar
a conocernos, vivimos en el mismo edificio, comprábamos en
el mismo automercado en Caracas y nunca nos vimos.
¿Qué representa Alba para mí en estos momentos?
Es
el bastón en el cual me apoyo, es la amiga, la compañera
que cuando estoy estigmatizando siempre está a mi lado,
cuando la veo en la floristería, atendiendo a la gente, me
di cuenta que el Espíritu Santo la ha tocado, pues sus
palabras siempre son de comprensión, de amor y de armonía,
tiene una memoria maravillosa, se acuerda de
todas las fechas, con verla ya ella sabe lo que necesito recordar,
en fin, los lazos sanguíneos son eternos, una amistad como
la nuestra, también.
Ruego
a Dios y a la Santísima Madre, que la siga iluminando para
que juntas podamos cumplir con esta Misión tan especial que
nos han encomendado. |
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